Cómo la meditación cambió mi vida
Un pequeño gran descubrimiento
El verano de 2013 hice el Camino de Santiago. Era la cuarta que vez que lo transitaba y la primera vez que me iba solo. Unos 300 km que me cambiaron la vida. Muchas personas de muchos países, muchas conversaciones, muchos momentos de soledad, conectar con la escritura… fue algo mágico.
Cada mañana, cuando amanecía sobre las 6:00 h. me preguntaba con bastante desgana: “Jaime, ¿pero qué se te ha perdido aquí?”. Podría parecer que fue todo un camino de rosas, pero día a día era todo lo contrario; era enfrentarme a mis dificultades una y otra vez. Una vez llegué a la catedral de Santiago escuché entre algún peregrino decir: “El verdadero camino comienza cuando llegas a casa”. Y así fue. Al regresar contemplé todos los regalos que se vinieron conmigo, todas aquellas experiencias y, sobre todo, me di cuenta que podía vivir la vida de otra forma. Y esa actitud dependía básicamente de mí.
Año y pico después, en marzo de 2015, me dijeron que en el Centro Budista de Valencia (CBV) hacían sesiones abiertas de meditación para principiantes. Fui un poco por probar, por ampliar círculos y con cierta desconfianza. No sabía dónde me metía y las cuestiones religiosas o espirituales me producían bastante vértigo.
El impacto fue tremendo en la primera sesión. La persona que facilitaba el grupo nos dijo: “por favor, no creáis nada de lo que os diga. Llevadlo A vuestra experiencia. Si os hace bien os lo quedáis; si no, fuera y a otra cosa”. Pocos instantes después empezó a hablar de El Buda. Comentó: “El Buda no es un dios y no está enviado por nadie desde el Cielo. El Buda es una persona que, como tú y como yo, emprendió un duro camino para liberarse del sufrimiento”.
Aquello me descolocó mucho. Por una parte todo el mundo te quiere vender que su religión, su terapia o su técnica es la mejor. Y aquí no era el caso. Por otra parte me di cuenta de la importancia de mi actitud. De que de mi dependía cómo me relacionaba con mi experiencia.
Empecé a asistir a estas clases abiertas semanalmente, donde cada vez obtenía más beneficios. Observaba que el budismo y la meditación eran mucho más prácticos de lo que imaginaba. Conforme salía de meditación ya podía aplicar herramientas que había aprendido.
A lo largo de los años asistí a diferentes grupos y retiros, profundizaba en los libros que trabajábamos y leía por mi cuenta, compartía con otros compañeros que seguían la tradición budista o con otras inquietudes y mantuve una práctica regular con la meditación.
Tiempo después, justo antes de la pandemia, decidí organizar grupos de meditación en mi farmacia. Las personas que acudieron eran pacientes muy cercanos con quienes tengo mucha amistad. No sabían en qué consistía la meditación pero les dije que les podría venir bien para dormir mejor, ansiedad, dolor…
Actualmente, dos años después, los grupos son on-line debido a la pandemia. Hay personas que han dejado los grupos y otras que se han incorporado. Trabajamos para cultivar la calma y la compasión y en los grupos se ha creado un clima de amistad, respeto, escucha y compartir muy reconfortante. Por mi parte sigo practicando con regularidad y voy a crear un curso de meditación on-line con diferentes reflexiones, audios y ejercicios para que puedas integrar la meditación en tu día a día.
Y hasta aquí mi experiencia con este maravilloso mundo de cultivar el sosiego.
Si te apetece compartir cualquier cosa, estaré encantado de leerte.
Un abrazo
Jaime